Una perspectiva histórica: Alicia Ramos Mesonero y la Memoria de las presas de Franco

29Nov12

Alicia Ramos Mesonero received her doctorate in Spanish Philology from Northwestern University in Evanston, Illinois. She is currently a professor at Saint Louis University in Madrid. Born and raised in the aftermath of the Spanish post-war society, Dr. Ramos has witnessed the transformation following “El Caudillo’s” 36-year rule, which was dominated by an authoritarianism that turned Spain’s cultural and domestic environments into ideological battlegrounds. In her newest volume Memoria de las presas de Franco, Dr. Ramos communicates the largely untold testimonies of women imprisoned in post-war Spain under Franco. Her book pays homage to the women that suffered during Franco’s regime and seeks to display the truth of historical wounds while potentiating grounds for reconciliation.

The following is an interview with Dr. Ramos conducted by a Saint Luis University, Pedro Cerame:

 

La Dra. Alicia Ramos Mesonero es profesora de literatura en Saint Louis University – Madrid Campus. Es la autora de Memoria de las presas de Franco. La siguiente entrevista trata sobre este libro.

Memoria de las presas de Franco se puede adquirir por 25 euros en La Casa del Libro.

 

P.  A los extranjeros nos resulta curioso ver cuán viva está la historia de la Guerra Civil y de la dictadura franquista en el día a día de los españoles. Sin embargo, nos impresiona que aunque se hable mucho de ello, parece que el conflicto de la dos Españas sigue vivo y coleando. ¿Por qué esa obsesión nacional con el pasado?

R. Nuestro pasado ha sido muy traumático, y olvidarlo nos aboca a repetirlo. La historia es maestra de la vida. Y, aún hoy, se oyen los ecos de aquel tiempo; no hay más que ver el panorama político actual.

 

P. ¿Qué función tuvieron las mujeres republicanas en la Guerra civil? ¿Y durante la dictadura?

R. Las mujeres fueron la avanzadilla de nuestras fuerzas democráticas. Sufrieron mucho más por el hecho de serlo. Se arriesgaron por manifestar su ideología y  muchas sufrieron mofa, escarnio y prisión sin haber cometido delito alguno. La dictadura les acusó de ser republicanas, asistir a centros culturales regidos por las JSU, colaborar con la resistencia o por dejación de sus funciones, según los valores de la iglesia católica.

 

P. ¿Cree usted que las heridas de la guerra civil han sanado? ¿Ha habido reconciliación?

R. Una guerra civil siempre produce efectos devastadores. No olvidemos que la nuestra fue entre compatriotas, amigos y familiares por lo que el país que sufre una guerra se ve afectado triplemente: en el terreno material, en el socio-político y en las relaciones familiares. Y si esto no fuera suficiente, en nuestra España unos se consideran siempre los buenos y los otros los malos. La reconciliación, en nuestro caso, aún no ha sido posible. Me temo que todavía tardará algunas generaciones.

 

P. ¿Por qué escribió usted este libro? ¿Qué significa para usted? ¿Y para las mujeres españolas?

R. Escribí Memoria de las presas de Franco para dar voz a las mujeres a quienes les fue negada durante la dictadura. La mayoría de las que aparecen en mi libro (Ángeles García-Madrid, Juana Doña, Remedios Montero y Mercedes Núñez), por citar unas cuantas, escribieron sus experiencias carcelarias después de la muerte del dictador; si no lo hicieron antes, fue por miedo a ser detenidas, torturadas y encarceladas de nuevo. No se puede construir una nueva sociedad basada en la mentira y en la ignorancia. Con mi esfuerzo he querido rendir un tributo al sufrimiento de tantas españolas que dieron sus vidas por una sociedad más justa. Mientras yo era niña y jugaba en la calle, muchas mujeres, de distintas edades y condición social, estaban privadas de libertad y gran parte de nosotros no sabíamos nada de lo que estaba pasando.

 

P. Le haré una pregunta quizá un poco atrevida. Los libros de historia de este país hablan de una transición casi milagrosa. ¿Fue realmente una transición idílica? ¿Se idealiza la transición?

R. Los pactos de la Moncloa, que sellaron la llamada Transición, fueron un esfuerzo de todos los partidos políticos por disipar las divisiones tan antagónicas que había en la sociedad de entonces. Dos ejemplos notables de la voluntad de olvidar el pasado, cediendo cada uno lo que fuera necesario, fueron Fraga y  Carrillo. Ahora todo se pone en entredicho.

 

P. ¿Por qué hay tantos desacuerdos sobre lo que pasó entre el 1936 y 1939?

R. La historia normalmente la escriben los vencedores. Y hasta la muerte de Franco hemos conocido su versión oficial. A partir de 1978, se emprendió una revisión frenética de aquellos hechos. En mi libro cito un gran número de textos, sobre todo históricos, que hablan del tema; sin embargo, hasta hace poco algunos de los archivos penitenciarios han estado vetados. De todas maneras, para hacerse una mejor idea de lo que fue la República y la Guerra civil, es conveniente contrastar nuestras fuentes con las extranjeras. Los españoles suelen anteponer la ideología a los hechos ocurridos.

 

P. ¿Se necesitan más memorias como Memoria de las presas de Franco para sanar las heridas del pasado?

R. El tema que trato en mi libro lo han estudiado algunos historiadores de manera general. Yo lo he estudiado de manera más personal, más completa, ya que me he centrado en los testimonios escritos por las mismas mujeres que pasaron largos años en las cárceles de España. Las trasladaban de un lugar a otro para alejarlas de sus familiares y de las amigas que pudieran tener dentro del penal.

La verdad es que, viendo el presente, me pregunto si va a servir para sanar las heridas aún sangrantes de aquel conflicto. Lo que sí puedo asegurar es que en el plano individual, los familiares de aquellas víctimas se han visto de alguna manera recompensados. Lo sé porque contacté con algunos hijos y nietos, que ahora viven en Caracas, Barcelona, Bilbao, Valencia y Madrid, durante la elaboración de mi investigación, y están muy agradecidos.

 

P. ¿Por qué le recomendaría este libro a un extranjero?

R. Para que aprenda todo lo que les sucedió a muchas mujeres en España durante la Guerra Civil, los años del franquismo y hasta las dos primeras décadas de nuestra democracia.

 

P. ¿Qué función ha tenido y tiene la literatura en la transición a la democracia?

R. No sé si la literatura le influye a la gente para cambiar sus opiniones y conductas. La verdad es que las novelas y el cine llegan antes al público que los libros de historia. En mi caso concreto y como profesora de literatura, las repetidas lecturas de La voz dormida, la gran novela de Dulce Chacón, me deslumbraron por su temática y valor literario. Esta inconmensurable obra me animó a estudiar, caso por caso y de la manera más fehaciente, la pasión y muerte de aquellas heroínas. Tales personajes de ficción, privadas de libertad en la cárcel de Ventas de Madrid, tras mis investigaciones, resultaron ser de carne y hueso, y eso es lo que desvelo en mi libro. No obstante, aunque he pasado varios años investigando el tema, no me sentiría satisfecha si diera mi labor por terminada con Memoria de las presas de Franco. El ingente material recopilado me invita y anima a preparar un segundo volumen, y eso es lo que estoy haciendo ahora.

 

P. ¿Qué relato la conmovió más? ¿Quisiera compartirlo con nosotros?

R. Todos los testimonios son desgarradores y lo he pasado mal leyendo sus experiencias carcelarias e investigando las fuentes históricas. Contestando a tu pregunta, los que me han conmovido más han sido el de Carlota O’Neill y el de las Trece Rosas.

 

P. ¿Podría decirnos algo a modo de conclusión? Quizá alguna anécdota personal, lo que usted desee.

R. Anécdotas tengo muchas, pero te voy a desvelar la referente Carlota Leret, hija menor de Carlota O’Neill y de Virgilio Leret, que ha pasado toda su vida reivindicando la inocencia de sus padres. Fue ella quien me facilitó documentos oficiales de la orden de ejecución, el mismo día del levantamiento, de su padre (capitán de aviación jefe de la base de Hidros del Atalayón en Melilla), y los consejos de guerra que sufrió su madre mientras estuvo encarcelada en la fortaleza de Victoria Grande de Melilla. También me entregó una copia del primer borrador, escrito por su madre, de la primera crónica de la primera batalla de la guerra, en Melilla, al ser testigo directo de la rebelión militar de las tropas franquistas, el 17 de julio de 1936. Estas páginas se convertirían más tarde en Una mujer en la guerra de España, su obra testimonial.  Todo esto lo cuento en mi libro.

 

 

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